Un tendedero con prendas de vestir, cartas, fotos y recortes de diarios
desplegó fragmentos de una historia que permanece viva en la memoria de Magallanes. Cerca
al inmueble de avenida Colón 636, estos objetos se convirtieron en portadores de recuerdos y
preguntas, invitando a quienes transitaban por el lugar a detenerse y conocer lo que ocurrió allí
durante la dictadura civil-militar.
La intervención, realizada por estudiantes de Pedagogía en Historia de la Universidad de
Magallanes, UMAG, fue uno de los momentos centrales de Cantos por la Memoria, actividad
organizada por la Corporación Sitio de Memoria Colón 636 en el marco del Día del Patrimonio
Regional, en la Plaza de los Derechos Humanos de Punta Arenas.
La instalación no se limitó a exhibir objetos. Las y los estudiantes salieron al encuentro de la
comunidad, preguntando a las personas si conocían la historia de la casa de Colón 636.
Cuando descubrían que no sabían lo ocurrido en ese lugar, les explicaban su pasado como
recinto utilizado para la detención política y la tortura durante la dictadura civil y militar chilena.
De esta manera, el tendedero se transformó en una experiencia de memoria activa: un espacio
donde la historia no esperaba a que alguien llegara a buscarla, sino que se acercaba a las
personas, interpelándolas desde los objetos, las preguntas y la conversación.
Las prendas de vestir evocaban la dimensión cotidiana de las vidas atravesadas por la
represión; las cartas remitían a los vínculos familiares y a la necesidad de mantener el contacto
y la esperanza en circunstancias difíciles; mientras que los recortes de prensa permitían
aproximarse a los registros de una época marcada por la violencia política y las restricciones a
las libertades.
Cada elemento abría una posibilidad de diálogo entre pasado y presente. Allí, cerca de un
inmueble que conserva las huellas de esa historia, las y los estudiantes contribuyeron a que
personas que desconocían los hechos pudieran acercarse a ellos, comprendiendo que el
patrimonio no se limita a los edificios: también está hecho de experiencias humanas,
testimonios y memorias que una sociedad tiene la responsabilidad de transmitir.
Otro de los momentos significativos de la jornada fue la lectura de textos que relataban lo que
sucedía al interior de Colón 636 durante la dictadura. Las lecturas permitieron acercar a las
personas asistentes a las experiencias de quienes estuvieron detenidas y detenidos y sufrieron
torturas en el recinto, poniendo en palabras una historia que no puede quedar reducida a los
muros de un edificio ni a las páginas de un documento.
Leer estos relatos frente a la propia casa otorgó a las palabras una particular fuerza. El lugar
desde el que se recordaba era también el escenario de los hechos evocados. En ese
encuentro, las voces del presente trajeron al espacio público una historia que debe ser
conocida, comprendida y transmitida con respeto por quienes la vivieron y por sus familias.
Los textos recordaron que detrás de cada sitio de memoria hay personas, historias
interrumpidas, familias marcadas por la incertidumbre y experiencias de sufrimiento que forman
parte de la historia colectiva. Escucharlos fue una invitación a reconocer a las víctimas, a
comprender la gravedad de las vulneraciones cometidas y a reafirmar la importancia de la
verdad, la justicia y las garantías de no repetición.
La presidenta de la Corporación Sitio de Memoria Colón 636, Magda Ruiz Méndez, destacó el
valor de una intervención que vinculó la educación, la participación ciudadana y la memoria
histórica en el mismo espacio donde ocurrieron las violaciones a los derechos humanos.
“Nos parece muy significativo que las y los estudiantes hayan llevado esta historia a la calle,
utilizando objetos que nos conectan con la vida cotidiana, los vínculos familiares y las
experiencias de una época dolorosa. Que se acercaran a las personas para preguntarles si
conocían lo ocurrido en Colón 636 y que, cuando no lo sabían, se lo explicaran, demuestra que
la memoria también se construye en esos encuentros. No podemos cuidar aquello que no
conocemos, y por eso es tan importante que esta historia llegue a toda la comunidad”, señaló.
Ruiz también relevó la importancia de la lectura de los textos y del reconocimiento de Colón
636 como un lugar que conserva una profunda significación histórica para la región.
“Escuchar los relatos frente a esta casa nos recuerda que aquí hubo personas que sufrieron la
represión y que detrás de cada historia hay vidas y familias que merecen respeto. Lo que
ocurrió aquí no puede desaparecer ni quedar en el olvido. Tenemos la responsabilidad de
preservar esta memoria, transmitirla a las nuevas generaciones y mantener vivo el compromiso
con los derechos humanos y el Nunca Más”, expresó.
La jornada contó además con la participación de artistas locales, entre ellos Sergio Reyes,
Herminia Ojeda, Cristian Vidal, Nora Marín, Faggú, Carolina Herrera, la instalación de las Mil
Grullas por la Memoria y Rafael Cheuquelaf, quienes aportaron diversas expresiones artísticas
a Cantos por la Memoria.