Francisco Ormazábal – Académico Facultad de Economía y Negocios (FEN)UNAB: Imacec: cuando dejar de caer se confunde con crecer.

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La lectura optimista del Imacec suele aparecer cada vez que la economía deja de
deteriorarse. Sin embargo, conviene ser cautelosos: una economía que apenas
logra mantenerse a flote no necesariamente está creciendo, y mucho menos
recuperando dinamismo. Las cifras conocidas este lunes muestran nuevamente
una actividad económica excesivamente dependiente de lo que ocurra en la
minería. Mientras varios sectores de la economía han mostrado cierta capacidad
de resistencia, la menor producción minera, particularmente vinculada al cobre,
continúa arrastrando el desempeño agregado del país.


Lo preocupante es que esta realidad comienza a normalizarse. Cada mes
celebramos que el resultado fue «menos malo de lo esperado», que la caída fue
menor o que el dato resultó levemente positivo. Pero una economía no genera
prosperidad sobre la base de superar expectativas pesimistas. La genera cuando
es capaz de expandir sostenidamente su capacidad productiva, atraer inversión y
aumentar su productividad. El problema de fondo es que Chile lleva demasiado
tiempo conformándose con cifras mediocres. El crecimiento potencial se ha
reducido, la productividad permanece estancada y la inversión aún no logra
transformarse en un motor robusto de expansión. En ese contexto, un Imacec
cercano a cero no debería ser motivo de celebración, sino una señal de alerta
respecto de la velocidad a la que estamos avanzando.


Más aún, las explicaciones coyunturales comienzan a agotarse. Durante años se
atribuyó la debilidad económica a la pandemia, luego a la inflación, posteriormente
al ajuste monetario y más recientemente a factores sectoriales. Sin embargo, la
pregunta incómoda sigue siendo la misma: ¿por qué la economía chilena parece
incapaz de recuperar tasas de crecimiento que hace una década considerábamos
normales?


La respuesta probablemente no está en el dato de un mes, sino en una
combinación de menor inversión, baja productividad e incertidumbre acumulada. Y
mientras esos elementos no cambien, seguiremos observando una economía que
alterna entre pequeños avances y pequeñas caídas, sin lograr despegar
realmente.


El Imacec de septiembre no describe una economía en crisis, pero tampoco
describe una economía vigorosa. Refleja algo quizás más preocupante: una
economía que se ha acostumbrado al crecimiento insuficiente. Y ese, más que
cualquier cifra mensual, debería ser el verdadero motivo de preocupación.