No todo vale en autismo: el engañoso vínculo con el paracetamol.

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Por Lilia Siervo Briones, directora del Diplomado en Inclusión Educativa y Social
de personas con la condición del Espectro del Autismo de la UNAB.


A partir de las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en
las que asocia el consumo de paracetamol como posible causante del autismo, es
imprescindible no quedarnos indiferentes y adoptar una mirada crítica ante todo
aquello que en la actualidad se ofrece o se divulga en torno al autismo.
¿Desde cuándo existe el autismo? El autismo ha existido siempre; es parte de la
diversidad neurológica que nos hace humanos. No obstante, a partir de 1925,
Grunya Efimovna Sukhareva fue la primera en describirlo clínicamente, mucho
antes que Kanner y Asperger.


A modo general, las personas autistas suelen destacar por su atención al detalle,
memoria especializada y pensamiento sistemático. Gracias a esas cualidades,
probablemente fueron clave en logros tan importantes como observar los ciclos de
la luna y las estrellas, crear sistemas de conteo y calendarios, o mantener vivas
las tradiciones y saberes orales.


Por lo tanto, vincular el paracetamol, que empezó a venderse en EE. UU. en 1955,
como causa del autismo es engañoso y significa negar nuestra propia historia.
Porque el autismo siempre ha formado parte de quiénes somos como especie.
Finalmente, no todo vale en autismo. Nos podemos encontrar con profesionales
que nos dicen que los delfines son la solución; otros, que las dietas lo son; y otros,
que la música es lo mejor para su desarrollo. No se puede jugar con la esperanza
de las familias y, menos aún, poner en riesgo la salud de la persona utilizando
terapias alternativas no validadas y, en algún caso, claramente perjudiciales.