Un equipo internacional liderado por los investigadores nacionales Joaquín Bastías-Silva (Universidad Santo Tomás y Universidad de Ginebra, Suiza) y Marcelo Leppe (Universidad Mayor) reportó el hallazgo de hojas fósiles del género Nothofagus en la formación Cabo Melville, isla Rey Jorge. Estos restos, datados entre 22 y 20 millones de años, pertenecen al Mioceno temprano y constituyen una evidencia inesperadamente tardía de bosques en la Antártica occidental.
El estudio, titulado “Los macrofósiles de plantas neógenas de la Antártica occidental revelan la persistencia de los bosques de Nothofagaceae hasta principios del Mioceno” da a conocer que bosques tipo tundra dominados por Nothofagus, familia de árboles a la que pertenecen especies como robles, coihues, ñirres y raulíes, se mantuvieron en la Antártica mucho después del inicio de la gran glaciación del Cenozoico tardío.
El hallazgo amplía el registro de este linaje vegetal, remanente del supercontinente Gondwana. Su presencia en la Antártica se extiende ahora desde el Campaniano, hace unos 80 millones de años, hasta comienzos del Mioceno, hace unos 23 millones de años.
Importancia del descubrimiento
La relevancia del hallazgo radica en que la Antártica está cubierta en un 98 % por hielo, lo que hace que su registro fósil sea escaso y fragmentario. Hasta ahora, la mayor parte de la evidencia neógena proveniente de la Antártica occidental se basaba en estudios de polen (palinología), un material que puede ser transportado a largas distancias por el viento y que no necesariamente refleja la vegetación local.
Los macrofósiles presentados en este estudio eliminan esa incertidumbre y permiten extender la historia documentada de Nothofagus en ecosistemas antárticos. “Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus resistieron o regresaron a la Antártica occidental millones de años después del inicio de la gran glaciación”, afirma Joaquín Bastías-Silva, autor principal de esta publicación.
Por su parte, Leppe agrega que “comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje biológico y físico del planeta: la glaciación final de Antártica”.
El contexto geológico de la región muestra tres grandes etapas: sedimentación marina profunda durante el Jurásico y Cretácico temprano; volcanismo y floras exuberantes durante el Eoceno; y depósitos glaciares e interglaciares desde la Transición Eoceno–Oligoceno. La formación Cabo Melville conserva sedimentos glacio-marinos con dropstones y una rica fauna marina, a los cuales ahora se suma evidencia de flora de Nothofagus correspondiente al Mioceno temprano.