Invernaderos de nueva generación fortalecen la agricultura familiar de Magallanes.

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Hace apenas dos años, Viviana Mancilla cambió la bata blanca de técnico paramédico por las botas de goma y el trabajo de la tierra. Hoy, desde su predio en el sector Loteo Versalovic —a diez kilómetros al norte de Punta Arenas—, produce lechugas hidropónicas que abastecen a restaurantes locales y al propio Hospital Clínico de Magallanes. Con este esfuerzo y su reciente apuesta por un invernadero de última generación, la emprendedora redefine por completo los límites de la agricultura en la Patagonia. 

Esta nueva infraestructura toma la forma de un imponente espacio de 120 metros cuadrados, construido con marcos de Metalcom y cubierta de policarbonato para resistir ráfagas que superan los 100 km/h. La obra requirió una inversión cercana a los 9 millones de pesos, financiada en gran parte por el convenio entre Indap y el Gobierno Regional, junto a un aporte propio de un millón 700 mil pesos. En este espacio resguardado del feroz viento austral, Viviana da vida a su próximo gran desafío, enfocado en la producción de frutillas en altura. 

«Es un proyecto que desarrollamos paso a paso, midiendo cada inversión. Pero las expectativas son altas: la frutilla cosechada en Punta Arenas es un tesoro muy valorado por la comunidad», comenta Viviana. 

Músculo de acero contra el viento austral 

La historia de Viviana no es un hecho aislado. A solo unos metros, Angélica Mancilla contempla los cimientos de lo que será su propio invernadero. Se trata de dos mujeres en un mismo sector que comparten la meta de hacer florecer la tierra helada de la Patagonia. 

Estas obras marcan el debut del convenio entre INDAP y el Gobierno Regional de Magallanes, un plan histórico que en su primera convocatoria inyectó más de 212 millones en infraestructura para tres provincias, como antesala de una inversión global que superará los 3 mil millones de pesos. 

Para el director regional de INDAP, Petar Bradasic, este salto cualitativo responde a años de aprendizaje frente al clima más hostil del país. Según explica la autoridad, estas estructuras combinan marcos de Metalcom con policarbonato de seis milímetros para garantizar aislamiento térmico y resistencia eólica, incorporando además canaletas perimetrales que aprovechan el agua de lluvia. Esta combinación técnica permite proyectar cosechas continuas durante todo el año e impulsar cultivos de alto valor comercial como albahaca, cilantro, frutillas e hidroponía. 

«Queremos sumar 25 mil metros cuadrados de cultivo protegido en la región. Esto no solo asegura producción continua en invierno, sino que le da estabilidad económica a las familias rurales», subraya Bradasic.