Todos hemos sido testigo de una u otra forma del crecimiento del debate público
en redes sociales. Estas plataformas han sido un espacio fundamental para que
gente común pueda tener una oportunidad de dar a conocer una problemática,
noticia a la comunidad, etc. Sin embargo, también es el espacio perfecto para
expresar enojo, odio, descalificaciones y, en no pocas ocasiones, agresiones a
profesionales de diversas áreas. Lamentablemente, la medicina veterinaria no ha
estado ajena a esta realidad, que es cada vez más popular en nuestra Región de
Magallanes.
Ya en el año 2022, a través de un estudio laboral de Colmevet, se indicó que un
30% de los médicos veterinarios consultados reconocía haber sufrido “funas” en
redes sociales y el 57% reconocía haber sido agredido verbalmente por un
cliente/tutor. Hoy desconozco el porcentaje al 2025, pero creería que esto crece
exponencialmente.
Es válido que los tutores/clientes o la ciudadanía puedan tener diferencias de
opinión, plantear dudas y/o cuestionamientos a nuestra labor. Eso, sin dudas,
enriquece el diálogo y nos ayuda a crecer como profesionales y como sociedad
médica, pero esas diferencias deben expresarse desde el respeto y a través de los
canales oficiales o incluso en instancias legales, pero no a través de redes
sociales donde atacan bajo ningún criterio a profesionales que han invertido
tiempo y dinero para ayudar a sus mascotas, colegas que han dejado de lado
compromisos familiares para poder capacitarse. A menudo vemos incluso
divulgación de información falsa y que la comunidad replica sin siquiera darse un
tiempo en investigar o tratar de esclarecer lo sucedido.
Son muchas las veces que, por no caer en el juego de los “dime y diretes”, los
profesionales no dan la versión de los hechos y quedan sin poder defenderse ante
esta “comunidad castigadora de redes sociales”, pero toda situación tiene dos
versiones.
Quienes trabajamos en esta profesión sabemos lo que significa dedicar nuestra
vida al cuidado de los animales, a la salud pública y al bienestar de la comunidad,
por eso duele cuando el esfuerzo y entrega diaria se ven empañados por ataques
injustos o comentarios ofensivos que son mezcla de desconocimiento, emociones
intensas y percepción social detrás de un teclado.
Es por esto, que hago un llamado a la comunidad a valorar el rol de las y los
médicos veterinarios, a mantener un diálogo respetuoso y responsable, tanto en
redes sociales como en persona.
Como Consejo Regional de Magallanes de Colmevet, a mis colegas que han sido
víctimas de estos ataques digitales les reitero nuestro compromiso de
acompañarlos, guiarlos y respaldarlos frente a este tipo de situaciones que
vulneran su dignidad profesional.
La medicina veterinaria es un puente entre las personas, los animales y el
medioambiente. Cuidemos este puente con respeto, porque solo así podremos
seguir avanzando en salud, bienestar y confianza.